
¿Quién es este jovencito? – preguntó mi mamá cuando llegó. Estábamos Taylor y yo sentados en el sillón más grande y Dil en uno de los pequeños. Eran alrededor de las 5 pm y veíamos futbol, bueno ellos veían futbol, yo jugaba con mi cabello.
- Es Taylor Lautner – dije mientras con Taylor nos levantábamos del sillón. Taylor muy educadamente se acercó a mi mamá y la saludó.
- ¡Ah! ¡Él es el chico de las fotos! – ¡Genial! ¿Qué todos querían avergonzarme? – Eres mucho más lindo en persona – dijo mi mamá.
- Gracias – dijo Taylor y sonrió. Luego saludó a mi papá que no había hecho comentario alguno sobre la extraña presencia de Taylor en nuestro apartamento.
- Supongo que no hicieron nada indebido en nuestra ausencia – dijo papá mirando a Taylor a los ojos. Stefano… ¿siempre tan inoportuno? ¡Un momento! ¿Eso que veo en las mejillas de Taylor es lo que creo que es? ¿Taylor Daniel Lautner está ruborizado? Woow.
- No hemos hecho nada malo Señor Falk. – dijo Taylor apartando rápidamente la vista de mi padre para mirar sus zapatillas.
- Papá, no es necesario que preguntes cosas así. – dije fulminándolo con la mirada.
- ¿Y cómo lo hiciste para traerlo hasta acá hija? – preguntó mi mamá cambiando el tema. Así que nos sentamos todos en el comedor y nuevamente contamos la historia de la fuente.
- A propósito, ¿fuiste tú la que dejó un vestido y unas sandalias blancas en mi maleta? – le pregunté.
- Ah sí, fui yo. – dijo riendo.
- Gracias Má – le dije mientras le dedicaba una sonrisa.
- Taylor – dijo mientras le tocaba el brazo. – creo que debes aparecerte más seguido por acá – ¿Mi mamá está diciendo eso? A ella le molesta verme con chicos, para ella aún soy su bebé, y su “bebé” ya tiene 17 años. – Alessandra es más amable con tu presencia aquí.
- ¡Hey! – Refunfuñé. Taylor carcajeó al igual que Dil que estaba aún en el sillón viendo la tv. - Mamá, ¿es necesario avergonzarme? – dije lo más calmada que pude.
- Perdón hija. – dijo mi mamá aún riendo.
- Bueno, creo que me debo ir. – dijo Taylor, yo reaccioné al instante.
- ¡No! – grité. ¡Tonta! Todos se quedaron mirándome con expresión de “¿Y ahora qué?” en el rostro. Gracias a Dios mi hermano me salvó.
- Taylor, no creo que sea buena idea salir ahora. – Dil se asomó a la ventana y llamó con la mano a Taylor, éste fue hasta donde estaba Dil y miró hacia abajo. – ¿ves? Hay mucha gente rondando por estos lados, si sales ahora ellos te verán y nuevamente habrá un caos. Creo que es mejor que esperes hasta que anochezca. – ¡Hermano mío te adoro!
- Si, Dili tiene razón – dijo mamá. Taylor y yo reprimimos una risa y Dil fulminó a mamá con la mirada.
- Ok, si no hay problemas o molestias, entonces me quedo – dijo Taylor caminando hacia donde estaba yo.
- Por favor jovencito, ¿cómo pretendes que seas una molestia? – Si, Taylor por Dios eres una bendición, no una molestia.
- Ok me quedaré. – y me abrazó. Por un momento dejé de respirar, es que él me va a matar de un ataque cardiaco.
La tarde la pasamos conversando todos juntos, mi mamá a ratos me dejaba en vergüenza y yo a menudo me ruborizaba. Mi papá cada cinco minutos salía con algún comentario molestoso.
- Bueno, ahora sí me voy. – dijo Taylor levantándose del sillón.
- Ok. ¿Te acompañamos? – le pregunté.
- Yo creo que a la salida – y sonrió.
- ¿Y si te vamos a dejar hasta tu hotel? Puede que sea peligroso que camines solo, porque te pueden perseguir nuevamente. – dije mirándolo a los ojos. Taylor carcajeó ante mi ridícula pero posible predicción.
- Está bien, me hará bien un poco de compañía. – y me miró a los ojos aún sonriendo. Sentí su mirada intensa, como si hablara a través de ella.
Taylor se despidió de todos. Papá le dijo que había pasado la prueba de aceptación, ¿qué acaso creía que Taylor y yo somos…? ¡Por favor! A él nunca le interesaría una simple chica que nadie conoce, su vida está ligada a la fama, y yo no pertenezco a esa vida.
Nos hallábamos Taylor, Dil y yo caminando por las calles de Roma. Dil tuvo que pasarle a Taylor una sudadera con capucha para que la gente no lo reconociera, además tuvo que caminar con la cabeza gacha para que no miraran su cara. Después de unos 10 minutos logramos llegar al hotel “Bernini Bristol”.
- ¿Quieren subir a mi apartamento? – nos preguntó Taylor.
- No, mejor nos vamos. – dijo mi hermano, yo le pegué un codazo y reaccionó. – Está bien, entraremos. – accedió Dil, Taylor rió ante la escena.
Su apartamento era genial, propio de un hotel de lujo. Nos hizo pasar a la sala y ahí se encontraban tres personas, ellos voltearon a vernos y se levantaron casi sincronizados a saludarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario